Sobre mi abuelo y por qué soy Martínez y no Martín.

Ayer falleció el Punta Umbrieño más lonjevo que ha pisado el pueblo: Juan Martín. Tenía 104 años cuando decidió descansar. Estoy seguro que él lo decidió, aunque él solía decir que seguía vivo porque la virgen del Carmen le decía que aún no le tocaba. Buena excusa esta, la de la religión, para desviar las dudas de todos aquellos que levantaban la ceja sorprendidos al ver que con su edad tenía unas facultades mentales que ya quisieran muchos con tres cuartas partes menos de edad.

Juan era mi abuelo materno, alguno que me conozca y que  sea un poco observador, se estará preguntando: ¿Cómo es posible que el se apellide Martín y tú seas Martínez? Pues muy simple y a la vez surrealista. Mis abuelos maternos al vivir en esa época en la que uno hacía cosas más entretenidas que ver la televisión pero a la vez tenían una nefasta educación sexual, tuvieron el estupendo entretenimiento de traer hijos al mundo. Cual repoblador medieval en plena reconquista. 16 es un buen número. Hubo quién murió en el parto: como la hermana gemela de mi madre. Hoy en día un parto en la calle es noticia en los informativos y nos lo venden como si fuese algo extraño que se pueda parir sin un médico al lado. Que rápido olvidamos de donde venimos. Parir en casa porque no había un médico a varios kilómetros a la redonda era de lo más normal hace 4 días. Bueno, imagino que en algunas aldeas aún ocurre.

A lo que iba. En un momento dado el funcionario encargado de rellenar el libro de familia cometió el error, a saber por qué, de cambiarle el apellido a uno de mis tíos. Le añadió el -EZ. A partir de aquí cada vez que se volvían a acercar mis abuelos al registro civil, el funcionario al ver los apellidos del último nacido, el que llevaba la -EZ, hizo lo mismo. Este hecho no creáis que fue descubierto al poco tiempo. Pasaron años y años, hasta que mi madre, un buen día que pidió el libro de familia de mi abuelo porque en Punta Umbría le iban a hacer un homenaje por ser el marinero más viejo del pueblo, descubrió el error.

Este cambio de apellido se puede solucionar fácilmente, pero ya sea por desidia, por seguir con la “coña” o porque las cosas que empiezan de forma surrealista es mejor dejarlas como están no vaya ser que su origen sea algo cósmico y si lo cambiamos se puede liar parda

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